Psicólogo forense alertó que el 95% de los informes periciales tienen errores y aseguró que hay delincuentes "no recuperables"

Sep 20, 2026 - 14:37
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Psicólogo forense alertó que el 95% de los informes periciales tienen errores y aseguró que hay delincuentes "no recuperables"

Gustavo Álvarez es de esas figuras que, dentro del sistema de justicia, no suelen aparecer públicamente, pero su trabajo resulta clave para que los actores del sistema avancen o no hacia la condena de una persona. El psicólogo forense y perito judicial, con vasta experiencia y 20 años de trabajo en el sistema penitenciario, aseguró que cerca del 95% de los informes que llegan a la Fiscalía presentan errores de metodología.

En entrevista con Montevideo Portal, Álvarez declaró que en Uruguay existen personas privadas de libertad que, por diferentes condiciones psíquicas y de historia familiar, son irrecuperables. Además, se refirió al caso de Federico Lamaita, el joven que atacó a una compañera en la Facultad de Medicina, y detalló qué significa que una persona tenga problemas para “autodeterminarse”.

A continuación, la entrevista completa:

– ¿Hasta qué punto una pericia psicológica define la imputabilidad en Uruguay? Muchas veces los fiscales esperan la pericia para decidir si imputan y qué imputación piden.

En Uruguay hay un gran porcentaje de pericias para evaluar imputabilidad, pero imputabilidad e inimputabilidad son conceptos jurídicos que no deberían aplicar los peritos. Los peritos deben evaluar si existió voluntad y conciencia en el momento del hecho delictivo. La mayor cantidad de estos encargos se le da a psiquiatría forense, pero no solo el psiquiatra forense puede evaluar esto. El psicólogo forense, que es una especialidad dentro de la psicología, puede hacerlo. El psicólogo forense puede establecer retrospectivamente el estado mental de una persona, que es como casi siempre ocurre. En Uruguay hay un predominio de psiquiatría forense, pero con las herramientas de psicología forense se puede hacer perfectamente y asesorar bastante certeramente al operador jurídico sobre conciencia y voluntad retrospectiva.

– Usted trabaja en metapericias. ¿Qué son y qué ha encontrado en su experiencia?

Trabajo en revisiones técnicas y dictámenes periciales, en metapericias. Yo introduje el concepto de metapericia en Uruguay. Y calculo que hay fallas metodológicas o sesgos en un 95% de los casos. No cualquier informe dirigido a la justicia termina constituyéndose en dictamen pericial. Debe tener determinados elementos por arriba del instituto al que se pertenece. Usted puede haber hecho 3.000 pericias y las 3.000 están mal metodológicamente. El problema en Uruguay es que los dictámenes periciales en altísimo porcentaje no tienen objeto pericial. No utilizan herramientas forenses, sino herramientas de dibujitos, de técnicas proyectivas gráficas muy válidas para el acontecer clínico: interpretar paraguas, nariz, línea de suelo. En clínica está bien, en forense no, porque en forense hay que asesorar en forma experimental y científica. No se puede dejar librado al azar que por el dibujo del paraguas un sujeto termine preso o que un niño que denunció abuso sexual termine conviviendo nuevamente con el abusador. Se requiere mayor rigor científico.

– ¿Ha podido establecer patrones de cambio en los delincuentes? ¿Hay diferencias entre el delincuente tradicional y el joven cooptado por el narcotráfico?

Totalmente, sí. Yo trabajé 20 años en cárceles en forma directa. Fui coordinador general técnico de Comcar mucho tiempo. El perfil del delito y del delincuente han cambiado sensiblemente. La sociedad también ha cambiado. El delito en cierta manera es un reflejo de la sociedad. Antes el delincuente era mucho más predecible. Un delincuente veterano, en el establecimiento de Libertad, me comentó: “Los muchachos jóvenes nos están complicando la tarea. Yo entro a robar un allanamiento de morada o una rapiña, la gente sabe que yo voy a eso, a mí se me complica, los asusto. Digo: 'Te voy a pegar un tiro, quédate quieto', pero yo me voy. Ahora los muchachos entran, entran y lo entran a rapiñar o hacer un allanamiento de morada a usted y terminan violando a su mujer, pegándole a su abuela y matándolo a usted”. La droga es una variable incuestionable, incuestionable en el cambio de comportamiento delictivo.

– ¿Hay técnicas reales para predecir la peligrosidad o el riesgo?

La peligrosidad es un concepto jurídicamente muy controvertido porque remite a una escuela criminológica positivista. Yo sigo sosteniendo que el concepto es el mismo perro con diferente collar, aunque reconozco que hay un pequeño matiz. Sobre la vulnerabilidad a cometer delitos y la reincidencia, sí hay elementos para evaluarla. Hay protocolos para personas encarceladas para ver grado o posibilidad de reincidencia. Dentro de psicología criminalística está el estudio de la carrera criminal, perfilamientos, análisis de conductas delictivas del sujeto.

– El caso del ataque a la estudiante de Medicina generó gran repercusión. ¿Qué le llamó la atención?

Me preocupa, pero no por el caso este en particular, sino a mí me viene preocupando desde hace tiempo que actores que no tienen nada que ver con la justicia tipifican delitos. En el caso de violación en manada de Balizas, presunta violación, los medios de comunicación, operadores sociales, operadores jurídicos, protagonistas políticos y técnicos ya daban por un hecho que eran culpables con la consecuencia que tiene eso a nivel laboral, familiar, social, académico. Lo mismo pasó con el caso de violación en manada de Cordón. En los dos casos, en la actuación se dejó meridianamente claro que era una denuncia falsa. En este caso de la estudiante de Medicina, ver protagonistas de diferente índole político, social, policial que ya habían tipificado tentativa de femicidio cuando los fiscales, el Ministerio Público, los únicos protagonistas reales de la investigación criminal, no habían tenido contacto con el muchacho. Es riesgoso eso.

– Finalmente se imputó femicidio en grado de tentativa y se recomendó que de los 180 días de prisión preventiva, 30 se pasen en el Hospital Vilardebó para completar el diagnóstico. Dijeron que el agresor tiene problemas para autodeterminarse. ¿Qué significa eso?

Esto impacta directamente sobre uno de los dos conceptos de imputabilidad, que es la voluntad. Voy a usar la paranoia como ejemplo explicativo, aunque se diagnosticó aparentemente Asperger grado tres. La paranoia es una patología psiquiátrica crónica, a mecanismo de delirio interpretativo. No es que se ven alucinaciones, como Napoleón. Yo a usted y a él lo veo y los veo bien. Yo capto bien la realidad, lo que la interpreto locamente. Yo los veo a ustedes dos y los veo bien. Usted es usted y él es él. Perfecto. Ahora, la interpretación que yo hago de eso es loca. Están hablando por celular entre ellos para matarme cuando yo salga. El contenido de un delirio es el que perfila a la víctima. Con baja autodeterminación, el contenido del delirio es el que perfila y ubica al enemigo, a la víctima.

– Usted es especialista en autopsia psicológica, una técnica poco conocida. ¿En qué consiste?

Se aplica en muertes de origen dudoso. No muertes dudosas porque la muerte es binaria: o está vivo o está muerto. Participé en varios casos donde tuvo un protagonismo muy interesante y muy fuerte la autopsia psicológica. Uno tiene que estar entrenado para aplicarla. En Uruguay somos muy poquitos los que estamos entrenados para aplicarla, aunque hay muchos más que la aplican. En Uruguay no está clara esa diferenciación. Ningún psicólogo forense de Latinoamérica aplica técnicas proyectivas gráficas. Ningún psicólogo forense, prácticamente de Latinoamérica, trabaja sin una pregunta jurídica definida. No quiero entrar mucho en eso porque es un tema bastante extenso.

– ¿Cómo es la metodología?

Aparentemente es fácil, pero no es fácil. Se recaban elementos del escenario del delito, o suicidio, o accidente. Hay un sistema que se llama NASH que discrimina cuatro tipos de génesis: Natural, Accidente, Suicidio y Homicidio. Se recurre a esto cuando hay dudas en la investigación fiscal o policial. Se relevan antecedentes, se hacen entrevistas. En uno de los casos apliqué 60 entrevistas. No solo yo, sino mi equipo también. El objetivo último es asesorar a la justicia, que es el objetivo último de la psicología forense.

– Usted tiene mucho tiempo de gestión en cárceles. ¿Qué le pasa psicológicamente a un interno que pasa tantos años en prisión en un sistema a las claras corrompido?

Corrompido, sí, hay elementos que pueden hablar de eso y hay ejemplos concretos que ya se han dilucidado. Lo que no se tiene en cárceles es una visión o un asesoramiento de gente que ha trabajado en cárceles. Y menos aún de la psicología penitenciaria. Hace mucho tiempo en la Escuela Nacional de Policía, de donde egresan oficiales, había especialización en segundo año. Se elegía: bombero, oficial penitenciario, etc. Quien elegía oficial penitenciario tenía todo un año de psicología penitenciaria. El recluso tiene un déficit en las habilidades relacionales, de cómo modular la agresividad, de no tener determinado tipo de hábitos. Si el oficial penitenciario es muy similar a él, es el espejo que le tendría que devolver algo diferente. Usted no va a generar ningún cambio.

– ¿Es posible hablar de rehabilitación en ese contexto?

En ese contexto no. En lo general, sí, porque hay elementos. No me tiembla la voz en decir que hay delincuentes que no son recuperables. Muchos colegas, los entiendo, como que no quieren ser tan taxativos. Yo sí puedo dar fe, fehacientemente, de que hay gente que no es recuperable. Hasta hoy. Mañana sale una vacuna contra la psicopatía, vengo y le cambio el discurso. No solo por psicopatía, sino por tránsito de vida y por historia delictiva. Hay otro grupo bien interesante que sí es recuperable.

– ¿Cómo debería funcionar un sistema que reconozca esas diferencias?

Primero tiene que hacer un diagnóstico muy bien hecho y fino diferencial. Clasificar en altamente recuperable, regularmente recuperable y poco recuperable. El problema actual es que si usted a tres universos diferentes le adjudica la misma carga de dinero, de presupuesto, de instalaciones, de recursos humanos a los tres grupos, usted en cierta manera está dilapidando. Socialmente está dilapidando, porque al que tiene más posibilidades de rehabilitación, usted lo trata de la misma manera y le da los mismos recursos que a aquel que tiene muy poca, siendo flexible, muy pocas posibilidades de reinserción.

Mirá la entrevista completa acá:

Fuente: Montevideo Portal

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